BALANCE DE LA LABOR INSTITUCIONAL
DEL 2000
INSTITUTO DE DESARROLLO Y MEDIO AMBIENTE
1. El Contexto
1.1 A nivel internacional El entorno internacional fue favorable en términos generales para América Latina y el Caribe en el 2000 [1] , debido principalmente al crecimiento de Estados Unidos, al alza de los precios internacionales del petróleo y otros productos, y al continuo acceso a los mercados internacionales de capital. No obstante, el aumento de las tasas de interés y la inestabilidad del mercado bursátil en Estados Unidos elevaron el costo del financiamiento para muchos países de la región.
El crecimiento económico en la región superó el 4% en el 2000, una mejora en comparación con el año anterior. Esta rápida recuperación fue producto de las medidas de ajuste fiscal y monetario de 1999, que ayudaron a frenar la inflación, lo cual, a su vez, contribuyó a un descenso de las tasas de interés internas. En el curso del año, los gobiernos de la región mantuvieron su compromiso con la estabilidad macroeconómica y el proceso de reformas estructurales. En muchos países se aprobaron leyes de responsabilidad fiscal, y en la mayoría prosiguieron las privatizaciones y los programas de modernización del Estado.
Se prevé que en el 2001 el crecimiento disminuirá, situándose en torno al 3%, en vista de la desaceleración de la economía de Estados Unidos. Entre las autoridades económicas de la región reina la preocupación por los efectos negativos que los mercados financieros internacionales podrían sufrir en caso de una desaceleración más marcada de la economía de Estados Unidos o un ajuste importante del mercado bursátil.
La crisis económica de 1999 tuvo un efecto muy negativo en los mercados laborales de la región, que se corrigió sólo en parte en el 2000. En 1999, la tasa de desempleo de la región en conjunto llegó al 8.1%, la mayor de los años noventa y similar a la observada en el apogeo de la crisis de la deuda de los años ochenta. En el 2000, la tasa de desempleo bajó ligeramente al 7.8%, todavía por encima del nivel que había prevalecido en la mayor parte de los años noventa.
La estructura de globalización de los países de la región y en especial del Perú, hace que su "futuro" dependan de lo que suceda con los precios de las materias primas, de las recesiones de los países industrializados, de las políticas de comercio internacional regidas por unos cuantos países, de las tasas de interés y de cómo se refinancien las deudas externas.
La política liberal en el mundo, de "libre mercado", va siendo repensada; ya que ante el aparente crecimiento económico y de estabilidad macroeconómica, los resultados concretos en lo social, en lo ecológico son muy pobres y de gran preocupación política. Las tasas reales (no solo oficiales) del IDH, se van deteriorando en muchos países y sobre todo en la región andina.
En la reciente reunión de Gobernadores de BID, Enrique Iglesias fue enfático al señalar 4 grandes desafíos para la región para salir del subdesarrollo: lucha frontal contra la pobreza, el incremento de la competitividad, la consolidación de la integración regional y la preservación de la democracia.
Los desafíos de la región y del Perú tiene que ver con la preocupante agudización de la pobreza que constituye (según la Cámara de Comercio de Lima) una amenaza para la democracia y un riesgo para el medio ambiente. En la región existen 220 millones de personas que viven en la pobreza, de los cuales el 45% lo hacen en condiciones de indigencia.
También la FAO tiene algo que decir al respecto de la grave situación de pobreza y hambruna en el mundo: "los últimos años del siglo XX fueron generalmente poco favorables para la alimentación y la agricultura [2]. Los últimos cincuenta años nos han dejado también un gran número de problemas no resueltos, de nuevos desafíos, riesgos e incertidumbres. Debemos preguntarnos cuál es el significado y el alcance de nuestros logros económicos y tecnológicos, así como el costo que comportan para nosotros y para las generaciones futuras. En el conjunto hay una triste ironía en nuestros logros tecnológicos y económicos si se considera la sórdida desesperanza en que sigue viviendo un sector considerable de la humanidad. Más de 800 millones de personas -el 13 por ciento de la población mundial- aún no tienen acceso a los alimentos que necesitan, y esto las condena a una vida corta y frustrada.
Los observadores de nuestro tiempo lo han bautizado de diversas maneras: era de la información, era atómica, era de la globalización. Pero merecería también el triste título de "era de la desigualdad": es difícil, en efecto, encontrar una descripción más idónea para un mundo con disparidades e injusticias tan impresionantes como injustificadas; un mundo en el que el 20 por ciento más pobre de la población recibe poco más del 1 por ciento de los ingresos totales, mientras que al 20 por ciento más rico le corresponde el 86 por ciento. Asimismo, nos resulta difícil concebir un futuro de sociedades seguras y civilizadas mientras se permita que tales disparidades se sigan ahondando; y sin embargo, bajo ciertos aspectos los datos que tenemos ante nosotros parecen indicar que ésta será la tendencia.
También se observan desigualdades dentro de las sociedades agrícolas y rurales. Es sabido que la población más pobre tiende a concentrarse en las zonas rurales, una característica que se mantiene con insistencia.
Para ello, estamos convencidos, de que es posible ganar la batalla contra la desigualdad, la pobreza y el hambre. El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2000 preconiza la superación de la "trampa de la pobreza" mediante enfoques en que los gobiernos y las estructuras institucionales desempeñan un papel primordial. Es fundamental que el sector público no renuncie a su función de proveedor de servicios sociales básicos y no descuide a la población pobre y vulnerable, y también es indispensable que cree un marco institucional capaz de propiciar y proteger la iniciativa de las personas y de premiar los esfuerzos que realizan. Es hecho evidente pero a menudo olvidado de que, en vista de que la pobreza y la desnutrición se concentran principalmente en las zonas rurales, todo esfuerzo serio por aliviar estos flagelos deberá necesariamente comenzar por el desarrollo agrícola y rural."
1.2 A nivel nacional
Tal como habíamos previsto en el Balance de 1999, el año 2000 iba a estar marcado fuertemente por los acontecimientos políticos de la elecciones presidenciales, situación que ya se venía arrastrando desde el año pasado, con el incremento del gasto público en zonas y sectores claves para la estrategia reeleccionista de Fujimori y sus parlamentarios. El Ministerio de la Presidencia y otros Ministerios y Programas especiales constituyeron los pilares para el gasto de varios millones de soles para solventar la campaña a la cual se le sumó dinero de dudosa procedencia manejado por Montesinos.
Mientras todo esto ocurría, la economía estuvo al garete y las privatizaciones se paralizaron. El país se polarizaba en dos grandes fuerzas, de un lado el "oficialismo" y, del otro, la "oposición" a un régimen autoritario y de corrupción generalizada.
Ello produjo la siguiente situación económica que muchos analistas económicos y organismos como la CEPAL[3] , describen como sigue:
La compleja situación política que se desencadenó en el Perú desde los primeros meses del año 2000 desalentó la inversión interna y extranjera, redundando en un enfriamiento de la actividad económica en el segundo semestre. El crecimiento resultó superior al de 1999, pero no se ha traducido en mejoras en el empleo urbano ni en los salarios reales. Aunque la meta fiscal no se pudo alcanzar, la inflación permaneció bajo control (más por un estancamiento global de la demanda) y la brecha externa se redujo otra vez. La precariedad de la situación financiera obligó a poner en marcha un tercer programa de rescate de las empresas y el crédito al sector privado volvió a contraerse. La incertidumbre imperante dificultó el avance del programa de privatización y concesiones, registrándose en todo caso importantes operaciones a principios y fines de año.
El gasto corriente se expandió sustancialmente durante el período electoral en el primer semestre y los ingresos tributarios resultaron inferiores a lo proyectado, debido a que la debilidad de la reactivación de la demanda interna repercutió en una merma de la recaudación directa. Además, los ingresos del impuesto al consumo aumentaron sólo a la par con el producto, lo que impidió alcanzar el objetivo inicial de reducir el déficit al equivalente de 2.1% del PIB.
Para mantener el desequilibrio dentro de un rango aceptable, se procuró a partir del segundo semestre controlar los gastos, sobre todo en detrimento de la inversión pública. Se adoptaron también medidas tributarias con el objeto de determinar una base ad valorem para el cálculo de los impuestos específicos y de reducir algunas exenciones. Pese a ellas, el balance corriente del gobierno central se tornó levemente negativo, lo que incidió en un déficit global de 2.7%. Este se financió con recursos de privatización (35%) y uso de depósitos en el sector financiero (20%), y el remanente tuvo que cubrirse con recursos externos. Se estima que el déficit del sector público no financiero ascendió a 2.8%, a consecuencia de la débil situación de las empresas públicas.
Debido al gasto fiscal excesivo y a la emisión de circulante en la que se había incurrido en meses anteriores las autoridades procedieron a un ajuste de la liquidez en moneda nacional y adoptaron una política acorde con las metas de crecimiento e inflación. En agosto se rebajó de 7% a 6% el encaje legal en soles y en divisas y se procedió a una liberación del encaje en divisas equivalente a 3 puntos porcentuales de los depósitos, a fin de compensar el ajuste fiscal del segundo semestre y de proveer mayor liquidez. Sin embargo, la emisión primaria siguió disminuyendo en el segundo semestre, por lo que la circulación monetaria en soles en el conjunto del año registró una merma en términos nominales, debido a la fragilidad de la demanda. Los factores de expansión se concentraron en un aumento del crédito neto al sector público (disminución de sus depósitos) y de los activos externos, ya que el crédito al sector privado se redujo.
Para aliviar la difícil situación financiera de las empresas nacionales y mejorar la calidad de los activos bancarios, el gobierno lanzó a mediados de año un tercer programa de reestructuración de la deuda empresarial, por un total de 500 millones de dólares, 100 de los cuales se destinaron a la agricultura (especialistas estiman que en los últimos 3 años este auxilio del gobierno a la banca sobrepasó los US$ 2,000 millones). Sin embargo, los indicadores de morosidad crediticia volvieron a deteriorarse (11% promedio de todo el sistema)[4] , mientras los bancos perseveraban en una actitud de extrema cautela para el otorgamiento de crédito y la situación del mismo sector bancario seguía siendo frágil, tanto así, que algunos de ellos quebraron y otros se fusionaron.
Luego de más de dos años de contracción, la demanda global se recuperó 4%, principalmente debido al impulso de las exportaciones. Las exportaciones totales acumuladas de ene-dic/2000 totalizaron US$ 6,793.66 millones, cifra superior en 13.2% a similar periodo de 1999, de acuerdo a las cifras registradas por Aduanas y analizadas por Prompex (Ver cuadro adjunto) y un repunte del consumo (4%), sobre todo de su componente público. Debido a la incertidumbre política y la frágil situación financiera, tanto de las empresas como del sector público, la inversión fija, en lugar de responder a este panorama más alentador, se estancó (0.5%) y la reactivación perdió bríos a lo largo del año. Así, pese a que en el primer trimestre la expansión del producto (PBI) alcanzó a 6%, al final del año en su conjunto llegó al 3.6%[5]
El sector primario siguió siendo el de mayor empuje, en particular la agricultura (6.4%) y la pesca (10%), en tanto que el de la minería se morigeró (3.7%) a medida que maduraban los proyectos de inversión sectorial. La manufactura tuvo una expansión de 7.5%, basada en el auge de la industria procesadora de recursos primarios (10%) y en una recuperación del resto del sector (6.7%) luego de dos años recesivos. Parecida trayectoria anotó el comercio (5.5%), debido al repunte del consumo interno. La construcción tuvo otro mal año (-4.5%), afectada tanto por la debilidad de la inversión privada como por los recortes del gasto en obras públicas.
Pese al encarecimiento de los productos energéticos, las autoridades siguieron confiando en que cumplirían la meta anual de inflación (4%). La mayor oferta de productos alimenticios y la atonía de los mercados internos contribuyeron a contener las alzas de precios. Las demandas salariales se mantuvieron moderadas, debido a la difícil situación laboral en el sector urbano (10% de desempleo en Lima) y al crítico estado financiero de numerosas empresas. Sin embargo, el salario mínimo subió 19% en marzo.
El valor de las importaciones de bienes creció algo más de 8%. El estancamiento de las compras de bienes de consumo y de capital obedece tanto a lo moderado de la demanda interna como al incremento de la producción agrícola. A su vez, las compras de bienes intermedios aumentaron 18%. Las exportaciones tradicionales volvieron a mostrar gran dinamismo al crecer 15%, merced principalmente a la considerable alza de los productos pesqueros (60%). Las exportaciones no tradicionales subieron más de 9%, recuperándose con holgura de la caída del año precedente. Estas mayores ventas permitieron abatir a la mitad el déficit comercial de bienes, lo que explica el total de la reducción de la brecha en cuenta corriente, que pasó a representar alrededor del 3% del PIB.
El saldo de la cuenta financiera mejoró, como efecto neto de dos corrientes contrarias. Las entradas de capital de largo plazo se debilitaron considerablemente, debido al marcado repliegue de la inversión directa. Más intensa, sin embargo, fue la reducción de las salidas netas de capital de corto plazo (en su mayoría de origen bancario), las cuales habían causado la crisis financiera de 1999.
En lo Social:
El desempleo global llega a 9% y el sub-empleo a 45%, la capacidad instalada de las industrias no primarias funcionan sólo al 50%; la pobreza ha crecido en los últimos 3 años a 54.1% (más de 14,3 millones de peruanos "viven" con menos de US$ 2 por día), y la pobreza extrema a pasado de 14.5 a 17%; un 56% de los niños al nivel nacional menores de 5 años padecen de anemia. [6]
Esta catastrófica situación económica con serias repercusiones sociales y políticas tienen sus antecedentes no sólo en el año 2000, sino en una política económica neo-liberal aplicada durante una década y, junto con esto, un nivel de corrupción jamás visto en la historia del Perú.
El año 2000 también ha sido un año de cambios políticos trascendentales para el país. La galopante y vergonzante caída del régimen de Fujimori puso en evidencia el verdadero rostro de quienes gobernaron el Perú y la forma en que éste fue gobernado. Se configuró un complejo proceso de transición política a partir de la crisis desatada por el cuestionado proceso electoral de abril y mayo, del creciente rechazo y participación de la sociedad civil peruana a la prolongación del régimen instaurado por Alberto Fujimori y ante el anuncio de éste de acortar su período a julio del 2001.
Los próximos años requerirán de sustanciales esfuerzos de la sociedad civil peruana por reconstruir la institucionalidad desbaratada. Ello es condición de base para que el país defina un proyecto de desarrollo nacional que permita superar los niveles de pobreza que aquejan a vastos sectores de su sociedad en especial a las poblaciones rurales y campesinas.
A partir del gobierno de transición que se instaló en el mes de noviembre del 2000, comienza una nueva etapa de transición en la historia del Perú: la reinstitucionalización democrática de todos los estamentos del Estado, la recomposición y reactivación de la economía nacional, de la industria y del sector agropecuario y, a partir de éste, el desarrollo rural.
Sector agropecuario.
"Por raíces históricas el Perú ha sido y aún sigue siendo un país eminentemente agrario. Sin embargo, "hacer agricultura en el Perú" resulta una tarea muy dura, poco o nada gratificante en términos económicos, y con muy poco reconocimiento del Estado y de la sociedad en general, particularmente la urbana.
Sin embargo, a pesar de todas las dificultades que afronta la agricultura, sobre todo la mediana y pequeña agricultura, continúa siendo la actividad fundamental para la seguridad alimentaria, la que ocupa el mayor porcentaje de mano de obra, y la que evita (aunque cada vez menos), el éxodo de los pobladores rurales a las ciudades, con todos los problemas sociales y económicos que ello genera.
El Perú es un país que presenta una gran diversidad eco-geográfica, determinada en gran medida por la Cordillera de los Andes que atraviesa el territorio peruano de Nor-Oeste a Sur-Este alcanzando altitudes que llegan hasta los 6,800 mts.
Si bien a grandes rasgos se diferencia tres grandes regiones naturales : La Costa, La Región Andina o Sierra y La Selva. Sin embargo, al interior de cada una de ellas, sobre todo en La Sierra, existe una gran diversidad de zonas ecológicas, estimándose que el Perú posee 84 de las 103 zonas de vida natural que existen en el Mundo.
Ello determina que las condiciones climáticas, topográficas, edáficas y bióticas, en dónde se desarrolla la agricultura sean muy variadas, así como los problemas que ella presenta".[7]
Desde hace años los agricultores han sido duramente golpeados por las crisis, por la falta de una política coherente para el sector y para el desarrollo rural, por los eventos del "Fenómeno del Niño", más recientemente en 1997-98 y además por las caídas de precios, como los ocurridos en el año agrario que terminó en julio del 2000, a esto se sumó las plagas de la "mosca de la fruta" en el sur y el de la langosta en el norte.
En el 2000 la inversión en el agro se redujo considerablemente en relación a los años de 1996-97; a mayo del 2000 y sobre la base de 21 empresas más importantes del sector, el 67% de éstas tenía problemas con sus créditos bancarios. Según la Superintendencia de Banca y Seguros, el stock de las colocaciones brutas en el agro habían caído en US$ 80 millones entre 1998 y mayo del 2000. Los requerimientos de créditos para la campaña agrícola del 2000-2001, según Agricultura , serían de US$ 1,200 millones y el crédito disponible comercial llegaba a sólo US$ 300 millones. Ello significa, nuevamente, que una mayoría de pequeños agricultores de la costa, sierra y selva se quedarán sin acceso al crédito formal.
En el acumulado enero-diciembre del 2000 la producción agropecuaria alcanzó un crecimiento de 6.4%, como consecuencia del incremento casi parejo en sus dos sub sectores (agrícola 6.5%, pecuario 6.3%). El Ministerio de Agricultura refiere que el crecimiento del subsector agrícola en el 2000 se sustenta principalmente en el incremento de la producción de los productos, que tiene una participación de 25.7% en el valor de la producción total, como son la papa, maíz amarillo duro, caña de azúcar, café, aceituna, algodón, plátano, tomate, ajo y maíz amiláceo
En tanto el crecimiento del subsector pecuario se sustenta principalmente por el incremento de la producción de ave, leche, vacuno, ovino, porcino. Dichos productos tienen una participación de 36.9% en el valor de la producción agropecuaria.
Productos
La producción de papa en el 2000 aumentó 6.7% respecto al año anterior al obtenerse una producción de 3.2 millones de toneladas. Dicho incremento se debe al aumento en el rendimiento promedio de este cultivo (2.1%), y al incremento de las áreas cosechadas (4.5%), hecho que produjo, a su vez, un caída en los precios muy por debajo de los costos de producción .
Mención aparte merece el maíz amarillo duro, que aumentó en 19.1% el año pasado. Dicho incremento se debió al aumento de las áreas cosechadas (13.5%) y a la mejora en el rendimiento del cultivo.
La exportación[8] de los productos agrícolas mostraron una tendencia negativa habiendo descendido en 11.6%. Pasando de US$ 282.11 en 1999 a US$ 249.45 millones en el 2000. La mayor caída (16.4%) la registraron las ventas del café.
Con relación al desempeño negativo de las ventas del café, ésta se explica por la caída del 16.1% en los precios internacionales, así tenemos que se cotizaba US$/tm 2,289.41 en 1999 y US$/tm 1,920.28 en el 2000. Asimismo, se debe señalar que Brasil y Vietnam incrementaron la oferta mundial del café, debido a su mayor producción lo que afectó el precio mostrando una tendencia a la baja en todo el año 2000.
Las ventas al exterior de los productos no tradicionales agropecuarios, tuvieron un desempeño negativo, alcanzando US$ 392.83 millones en el 2000, cifra inferior en 3.1% sobre el registrado en 1999.
Similar comportamiento negativo tuvieron en dic/2000, con una caída de 21%, alcanzando US$ 42.5 millones, frente a los US$ 53.76 millones logrados en dic/99.
Entre las principales partidas que destacaron por su crecimiento en el periodo 2000 fueron: espárragos frescos (14%), uvas (69.6%), aceitunas conservadas provisionalmente (134.7%), cigarrillos (63.3%), pimientos pulverizados (92.5%), las demás preparaciones para la alimentación de animales (27.8%), pastas alimenticias sin cocer (75.6%), y las demás hortalizas y legumbres cortadas sin congelar (79%).
Cabe señalar que las ventas del espárrago en conserva, principal partida de las exportaciones agrícolas cayó 6.6%, pasando de US$ 87.28 millones en 1999 a US$ 81.55 millones en el 2000.
Asimismo, se registraron menores ventas en el valor FOB exportado: mangos (0.5%), harina de flores de marigold (24.9%), las demás legumbres y hortalizas congeladas (14.1%), cochinilla (35.4%), manteca de cacao (29.3%), cebollas frescas (42.1%) y nueces del brasil frescas o secas (54.9%), entre otras.
Sin embargo, en el sector agricultura el diagnóstico no es más alentador que en otros sectores importantes del país. En agricultura se constata una descapitalización generalizada (deudas, remate de tierras, insolvencia) del 90% de los casi dos millones de productores que registra el país; falta de crédito para financiar la campaña agrícola 2000 - 2001; encarecimientos de insumos, equipos y animales para reproducción; daños y pérdidas de sembríos adelantados de la sierra (papa, maíz, quinua, oca, olluco) por el veranillo (falta de lluvias) y heladas extemporáneas; e, incertidumbre generalizada de los productores frente al mercado (falta de concertación de planes en el sector).
Los reclamos de los agricultores se hicieron sentir en un primer paro regional liderado por productores de papa en Andahuaylas (28 de abril al 2 de mayo del 2000), debido a que su valor de venta en el mercado y la libre importación no permitían cubrir los costos de producción. La situación se empeoró debido al manifiesto desinterés del gobierno por el agro y se realizó un paro nacional entre el 10 y 11 de octubre. Los decretos de urgencia dados entre los meses de mayo a septiembre, con relación a refinanciación de deudas agrarias, incremento del precio de fertilizantes y aplicación del reglamento de organizaciones de regantes, entre otras; no contribuyeron en nada a mejorar la situación ni a crear expectativas en los agricultores.
Se estima que el año 2001 seguirá siendo un año recesivo para la mayoría de los sectores económicos, el peso de la deuda externa será gravitante, además del inicio de una nueva recesión de los países industrializados y de la región; se calcula que el PBI bordeará el 1%.
El nuevo Ministro de Agricultura del actual gobierno de transición, ha declarado abocarse a restablecer el sistema de investigación, la extensión y la capacitación, además de encarar el problema financiero y atender los demás asuntos de coyuntura. Ha convocado la capacidad concertadora de las organizaciones agrarias y practicarla a nivel de cuenca hidrográfica y respaldándose además en las experiencias de algunas ONGs, que trabajan el tema. En otras palabras, existe una predisposición política del Ministro de enfocar el tema agrario desde una óptica de gestión de cuencas así como favorecer el desarrollo de la agricultura orgánica y diseñar una estrategia para el desarrollo rural sostenible.
En el contexto educativo y en íntima relación al sector rural, el gobierno ha venido realizando algunos esfuerzos. Uno de ellos es el Proyecto de Mejoramiento de la Calidad de la Educación Rural (PMCER), con un horizonte de 7 años que aún no logra el aval financiero de la cooperación internacional, sin embargo, con recursos locales se viene implementando en una fase mínima.
1.3 A nivel local
1.3.1 Ambito de trabajo del IDMA-Abancay
En el contexto político - social, los organismos gubernamentales como PRONAA, PRONAMACHCS, COOPOP entre otros, intensificaron sus actividades a través de los programas de apoyo social con fines políticos. Esta situación acentuó el paternalismo entre la población rural, quienes a partir de la caída del régimen, se encontraron desconcertados.
En el aspecto climático, durante los 8 primeros meses el clima se mostró muy estable y sin alteraciones, favoreciendo la producción de los principales cultivos de esa temporada. Durante los meses de septiembre y octubre hubo un adelanto de las precipitaciones pluviales, motivando a los campesinos en sembrar masivamente sus principales cultivos; mientras que en noviembre y diciembre se vislumbró una fuerte sequía, perjudicando notablemente a los cultivos bajo secano y en menor grado a los de bajo riego por la falta de agua para regadío, que seguro afectará la producción agrícola.
En el contexto institucional, la intervención en una nueva microcuenca (Pichirhua), resultó muy importante para el equipo técnico, en donde se volcó toda la experiencia acumulada, aplicando estrategias de entrada hacia la microcuenca muy participativamente y con una relación horizontal entre los técnicos y las familias campesinas. La inclusión de una integrante mujer en el equipo de promoción ha logrado resultados positivos en la participación activa de mujeres y niños en las actividades de los biohuertos familiares y en los diferentes cursos de capacitación impartidos, trabajando decididamente en la relación de género. Asimismo, la rotación de zonas del personal técnico ha contribuido en mejorar en mayor grado la relación con las familias campesinas de las microcuencas.
El reforzamiento técnico brindado por tres miembros del Consejo Directivo así como de F.Teller de Misereor, ha sido muy fructífero para el equipo técnico del programa Abancay, mejorando sustancialmente la intervención hacia las familias campesinas.
1.3.2 Ambito de trabajo del IDMA-Huánuco
Como ocurre en todo el país, en el ámbito regional, la crisis y la recesión se han sentido en todos los estratos, pero son las familias campesinas las más afectadas. La violencia en el área urbana y urbano marginal, expresada en delincuencia y pandillas juveniles son también expresiones de la falta de oportunidades laborales y de ocupación para la población.
En el sector agropecuario, la campaña agrícola programada, comprendió la instalación de 105,000 hectáreas, sembradas sin apoyo crediticio ni asistencia técnica, manteniendo los bajos niveles de producción, pero fue la enorme caída de los precios en el mercado, que empobreció aún más las débiles economías campesinas. Los esfuerzos de PRONAMACHCS se concentraron en obras físicas de conservación de suelos, que al igual que el apoyo social del PRONAA, fueron condicionados políticamente.
En el aspecto educativo, IDMA en convenio con la Dirección Regional de Educación, puso en marcha el Proyecto PMCER, orientado a superar la difícil situación que enfrenta este sector. Los esfuerzos realizados, vienen permitiendo consolidar la propuesta ecológica - ambiental que IDMA lidera en la región.
1.3.3 Ambito de trabajo del IDMA-Lurín
En la cuenca del río Lurín, se tuvo permanentemente la interferencia de las actividades asistencialistas de los programas de apoyo social (PRONAA y PRONAMACHCS) con el trabajo de promoción del equipo de IDMA Lurín. Estas interferencias se manifestaban en la condonación de deudas; donación de insumos y alimentos, equipos y herramientas para el agro; falta de coordinación para actividades de capacitación; etc. todo ello orientado a asegurar una "clientela electoral".
En el ámbito productivo, el escenario no es muy alentador pues el impacto negativo del factor clima (tardía presencia de lluvias y heladas extemporáneas) en el momento del inicio de la campaña 2000 - 2001 ha traído graves consecuencias para la gran mayoría de los productores de la cuenca de Lurín. Así, tenemos que en varios sectores de la parte alta, las heladas extemporáneas han ocasionado la pérdida de cultivos de arveja y papa, lo que se agravó con la falta de lluvias que se han regularizado en el mes de enero del 2001, debiéndose haber presentado normalmente en el mes de octubre - noviembre del 2000.
Por el lado de la concertación y el trabajo conjunto con las autoridades agrarias en la cuenca Lurín podemos asegurar que la más técnica y comprometida que se ha mantenido durante todos estos años ha sido la Junta de Usuarios del Sub-Distrito de Riego de la Cuenca Lurín-Chilca, con la que hemos compartido el enfoque agroecológico de la propuesta y el fortalecimiento de su institucionalidad.
A partir del cambio de gobierno, con el gobierno de transición, se tuvo por primera vez el llamado de la Oficina Agraria de Lurín para una reunión. Es así que con fecha 11 de diciembre se instala el Comité Local de Concertación Agraria de la Sede Lurín; con el objetivo de articular la producción agropecuaria con el mercado y priorizar el autoabastecimiento de la agroindustria de la zona.
NOTAS
^ [1] Informe Anual del BID 2000
^ [2] "El Estado Mundial de la agricultura y la alimentación 2000", FAO
^ [3] Comisión Económica para América Latina, "Balance América del Sur 2000", Página Web
^ [4] Asociación de Bancos, Morosidad del Sistema Financiero. Diario "Expreso", 10 marzo del 2001.
^ [5] Instituto Nacional de Estadística e Informática - INEI, 2000
^ [6] "Propuestas para una Agenda de Gobierno 2001", pág. 31. Separata de "El Comercio".
^ [7] "Situación del Agro en el Perú", artículo Dra. Carmen Felipe-Morales B. Marzo 2001.
^ [8] PROMPEX enero 2001.
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