Desarrollo Rural Sostenible
El IDMA definió en 1990 centrar su contribución y aporte al Desarrollo Humano Sostenible priorizando el tema rural, en el entendido de que una parte importante de los recursos naturales renovables y no renovables, que son la base fundamental para la vida, se encuentran allí, en los andes, en las montañas, en las cuencas hidrográficas tanto orientales, interandinas, como occidentales; donde más de 1,7 millones de familias de campesinos y agricultores viven de la actividad agropecuaria usando los recursos suelo, agua, y la biodiversidad y más de 70 mil familias viven de la actividad minera; en total en la zona rural viven 7,1 millones de personas y es allí donde se concentra la más alta tasa de pobreza del país: 78%. Situación que pone en peligro a su vez, la sostenibilidad de los frágiles ecosistemas de montaña, generando un círculo vicioso entre pobreza y deterioro de los ecosistemas. Sin embargo, si sumamos la población que viven en la sierra (población andina) y la de la selva, ésta representa el 47% de la población total del país, es decir: 12,22 millones. De ahí la importancia que el IDMA le da al desarrollo rural sostenible, entendido este en un sentido más amplio; que va más allá de la actividad agrícola y que engloba los poblados, ciudades intermedias y el campo, las cuencas, sub-cuencas y microcuencas, donde se realizan no sólo actividades agropecuarias sino también mineras, industrias de transformación de productos agropecuarios, pequeña y mediana empresa, artesanía, turismo, comercio y servicios. Por otro lado, la PEA del sector representa más allá del 33% de la PEA total
El desarrollo rural se entiende hoy, en un sentido amplio, como "un proceso de mejora del nivel de bienestar de la población rural y de la contribución que el medio rural hace de forma más general al bienestar de la población en su conjunto, ya sea urbana o rural, con su base de recursos naturales" …(Ceña, 1993:29).
A su vez, "el medio rural es un conjunto o zonas (territorio) cuya población desarrolla diversas actividades o se desempeña en distintos sectores como la agricultura, la artesanía, las industrias pequeñas y medianas, el comercio, los servicios, la ganadería , la pesca, la minería, la extracción de recursos naturales, y el turismo entre otros. En dichas regiones o zonas hay asentamientos que se relacionan entre sí y con el exterior, en los cuales interactúan una serie de instituciones, públicas y privadas. Lo rural trasciende lo agropecuario, y mantiene nexos fuertes de intercambio con lo urbano, en la provisión no solo de alimentos sino también de gran cantidad de bienes y servicios, entre los que valen la pena destacar la oferta y cuidado de recursos naturales, los espacio para el descanso, y los aportes al mantenimiento y desarrollo de la cultura". El medio rural es entonces una entidad socioeconómica en un espacio geográfico con cuatro componentes básicos:
"...Un territorio que funciona como fuente de recursos naturales y materias primas, receptor de residuos y soporte de actividades económicas.
Una población que, con base en un cierto modelo cultural, practica actividades muy diversas de producción, consumo y relación social, formando un entramado socioeconómico complejo.
Un conjunto de asentamientos que se relacionan entre sí y con el exterior mediante el intercambio de personas, mercancías e información, a través de canales de relación.
Un conjunto de instituciones públicas y privadas que vertebran y articulan el funcionamiento del sistema, operando dentro de un marco jurídico determinado..." (Ramos y Romero, 1993: 17).
De estas dos definiciones surgen varios elementos importantes:
El concepto de desarrollo, aunque sigue marcado por su equivalencia con la acumulación, la industrialización y el consumo, ha estado cuestionado por el reto de la equidad. El desarrollo rural, en particular, debe buscar la equidad territorial, de género y social, en el acceso a bienes, servicios y demás beneficios del desarrollo. La equidad es una meta que en los albores del siglo XXI está aún muy distante, ya que los procesos de concentración de la riqueza y de los medios de producción siguen siendo factores que prevalecen. Por ello, en la raíz de lo que se puede considerar como desarrollo, está la comprensión de lo que es la pobreza como su antítesis. Dicho de otra manera, la persistencia de la pobreza "...es un desafío al modelo general de desarrollo y el mayor condicionante a la construcción de una sociedad rural estable..." (Echeverri y Ribero, 1998: 20).
La medición y valoración que se haga de lo que es la pobreza exige salir de los esquemas estrechos de la producción, el empleo y el ingreso, como indicadores que se comparan con estándares provenientes de otras latitudes, otros procesos históricos y culturales, y otra posición en la correlación de fuerzas económicas y políticas en el mundo. Se hace necesario, entonces, asumir pobreza y desarrollo como conceptos relativos, puesto que "...sólo una visión de complementariedad entre la inversión social y el desarrollo productivo podrá redundar en la reducción de los niveles de pobreza y el logro de la justicia social..." (Echeverri y Ribero, 1998: 20).
La revalorización de lo rural parte del supuesto de que no sólo existe, sino de que es de suma importancia para la sociedad y la economía en su conjunto. La revalorización más importante sería, entonces, la cultural: la visión de lo rural como una nueva, aceptable y mejor alternativa de vida. En muchos países de diversas culturas se está mirando lo rural como una nueva alternativa de vida.
Entre las justificaciones económicas vale la pena destacar la contribución no sólo de las actividades agrícolas, sino de las rurales en su conjunto, al crecimiento global. En este punto es de gran trascendencia la producción de servicios ambientales.
Es también muy importante la contribución de lo rural al desarrollo sostenible, al empleo, a la reducción de la pobreza, y por tanto al crecimiento económico. No puede seguirse sosteniendo entonces que lo rural y lo agrícola son una carga para el desarrollo económico. Así lo suponían las teorías residuales de la economía agrícola, y sobre todo los modelos duales. Más bien, es necesaria su consideración como factores dinámicos del crecimiento global .
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