Diagnóstico y Plan Maestro del Santuario Nacional de Ampay

10. CARACTERÍSTICAS CULTURALES E HISTÓRICAS

10.1 Arqueología

Al realizar exploraciones durante 1987 y 1988 Hostnig y Palomino, llegaron a determinar un lugar denominado Llamayoq, en la vertiente septentrional de Ampay entre Soq’llaqasa y el sector Pajchani.

Llamayoq, se encuentra a 3850 msnm en el sector Pacopata, cerca del caserío Parhuani en el kilómetro 14 de la trocha carrozable a Huanipaca, que se desprende del km 42 carretera Abancay-Cusco. En la base de un peñón perpendicular se detectó evidencias de pinturas rupestres, consistentes en el grabado de seis camelidos en color rojo considerándose un valor testimonial del modo de producción que tenían; su cronología de 7,000 a 7,500 años antes de nuestra era corresponde a cazadores superiores habitantes de cuevas. Lo interesante de las pinturas de Llamayoq no son en sí las representaciones pictóricas que son muy sencillas, sino su valor testimonial de una actividad económica prehispanica, que ya durante la colonia parece haber sido abandonada por completo en el ámbito del Ampay y quizás en toda la provincia de Abancay que fue la crianza de llamas y alpacas con fines de obtención de lana, carne y capacidad de carga.

Otras evidencias arqueológicas encontradas entre 1986 y 1989, que dan testimonio de la existencia del manejo de camelidos en el Ampay en épocas anteriores a la conquista, son los numerosos corrales antiguos en la parte alta del flanco occidental del nevado de Ampay, así como el hallazgo de un cráneo de camélido, asociado con un aríbalo incaico clásico en una de las grutas ceremoniales encima de la laguna Ankasq’ocha, en la falda sur del Ampay. Por la descripción se puede suponer que hayan podido pertenecer a los años 2,000 a 2,500 años antes de nuestra era, donde el hombre se convierte de nómade en sedentario, correspondiendo al período arcaico superior con ingreso al formativo inferior, edad denominada como campesinos aldeanos en donde se desarrolla la agricultura y ganadería y se inventa la cerámica y textilería

La desaparición de la alpaca y de la llama de las punas de la provincia de Abancay, posiblemente fue el resultado de la expansión de las haciendas de Abancay (Patibamba, Illanya, San Gabriel y otras), Huanipaca y Cachora a expensas de las tierras comunales de altura durante la colonia y la era republicana; expansión que fue acompañada de la paulatina sustitución de los camélidos domesticados por animales de pastoreo provenientes de europa.

Es de suponer que Llamayoq, antiguamente ubicada a corta distancia de las nieves perpetuas del Ampay, haya retrocedido varios centenares de metros, para convertirse en un lugar ceremonial para los pastores precolombinos, donde invocaban al Apu Ampay para que otorgara fertilidad a sus rebaños.

Siendo las formaciones rocosas del Ampay principalmente de tipo kárstico, no es de extrañar que la erosión subterránea provocada por el agua de la lluvia haya producido la formación de grietas profundas, que en varios lugares de la vertiente sur del nevado obtuvieron carácter de grutas o cavernas.

Aunque las grutas encontradas y exploradas hasta la fecha, carecen de importancia para la espeleología por su escasa profundidad, son de interés desde el punto de vista geológico y arqueológico, ya que se trata de lugares de culto y ofrendas durante la época incaica y quizás anteriores. Las condiciones físicas internas, caracterizadas por la humedad, filtración de agua y la estrechez del espacio, las hacían inapropiadas como lugares de habitación permanente.

Su utilización para fines rituales, lo atestigua el material asociado constituido principalmente por una gran acumulación de tiestos de ollas, relacionada quizás con la práctica ancestral de destruir las cerámicas en forma ritual durante las ceremonias; costumbre que se observa también en otras culturas antiguas y actuales (por ejemplo Maya de México y Guatemala). En medio de una cámara natural subterránea, cubierta de estalactitas y estalagmitas, se encontró dos piezas de cerámica casi intactas, se trata de un aríbalo y una vasija decorada con líneas circulares, de cuello ancho, base plana y con una asa vertical, el cual perteneció a la etapa del formativo superior de 200 a 100 años antes de nuestra era, para luego ingresar a un estado regional de una época de 100 años de la era actual. Por la exposición que plantean los estudios de investigación efectuados en base de los vestigios hallados, se considera que el lugar mencionado ha pasado por diversas etapas de producción; incluso pueden haberse dado grupos humanos hasta el año de 1,400 a 1,500 de la era actual, lo que desapareció con la transculturización de lo andino por el español (R. Hostnig, 1997).

Aparte de las cerámicas, en el fondo de algunas grietas se encontraron restos óseos (entre otros de Cavia tschudii o "cuy silvestre") que pueden ser de animales que murieron en forma natural o sacrificados como parte de las ofrendas al Apu Ampay.

Lon restos arqueológicos ubicados al oeste del Santuario en el sector Qasqsa, a 4,050 msnm y a 17 km. de la ciudad de Abancay, representan un complejo precolombino de viviendas y corrales donde se encerraban camélidos (G. Rojas, 1990). En la actualidad, estos corrales son reutilizados por los lugareños para ganado vacuno y ovino.

La existencia de numerosas evidencias arqueológicas en las inmediaciones del Ampay, como los sitios de Gentilcorral, Q’acsa, Trujipata e Imponeda y en el mismo territorio del Santuario, nos indican que el hombre habitó en la zona mucho antes de la llegada de los españoles. En el área y periferia del Santuario, abundan vestigios de inhumaciones precolombinas en su mayoría de la época preincaica; que generalmente son qolcas (almacenes de los productos de las cosechas y de semillas) ubicadas en cuevas, abrigos rocosos o simplemente debajo de rocas grandes. Las tumbas, muros de antigua andenería, restos de cerámica, puntas de obsidiana, fragmentos de osamenta de camélidos, así como las pinturas rupestres del sector "Llamayoq" (Huanipaca) y antiguos corrales de pastoreo ubicados en la vertiente occidental del Ampay, son evidencia de la remota y densa presencia humana prehispánica en el territorio del Santuario y sus alrededores, sólo compatible con el uso racional de los recursos naturales de la zona.

Faltan investigaciones de índole antropológico, arqueológico y ecológico, para conocer con más precisión la magnitud de la intervención del hombre precolombino sobre los ecosistemas del Ampay y su modo de aprovechamiento.

Hasta 1996, furon registradas un total de seis lugares arqueológicos en el ámbito del Ampay, entre sitios de arte rupestre, ruinas de edificaciones, cuevas ceremoniales y funerarias, así como corrales usadas para la crianza de camélidos (Lagos, 1993).

10.2 Historia

Las evidencias arqueológicas encontradas hasta el momento en la zona denominada Abrigo del Ampay, dan indicios de una ocupación temprana de cazadores recolectores, quienes serían los primeros pobladores de la actual zona protegida.

La zona de Apurímac, conjuntamente con Ayacucho y Huancavelica, fue el espacio donde se desarrollaron los Chankas inmediatamente después de la decadencia Wari.

Hasta el momento no se ha tenido acceso a los trabajos arqueológicos que se han ocupado de este período, la información que se logró obtener de los restos cerámicos encontrados en las cuevas del Ampay, al parecer corresponden a las culturas Wari e Inka; aún faltan desarrollar mayores investigaciones de índole antropológico y arqueológico.

Hasta donde se pudo investigar en los valles del Pachachaca y Amancay -hoy Mariño- no se presentaron antiguos ayllus, ni otro tipo de organización tradicional; se presume que habría sido un espacio donde se encontraron mitmaqkunas traídos de los más recónditos lugares del Tahuantinsuyo para el trabajo en tierras del Sol y del Inka.

Los valles mencionados presentaban gran movilidad hasta la llegada de los españoles, momento en que se desestructura el sistema, quedando prácticamente despoblados. En estas circunstancias el cacique Yupanamo, se apropia de los terrenos haciendo referencia a una herencia que al parecer no le correspondía, pero sin tener resistencia. Los mitmaqkuna restantes fueron repartidos a diferentes encomenderos.

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